sábado, 31 de mayo de 2014

EL DON DE SABIDURÍA

Desde hoy y hasta el día de Pentecostés vamos a prepararnos con unas reflexiones sobre cada uno de los dones, para que cuando llegue el Espíritu Santo nos encuentre haciendo oración como a los apóstoles.
Este año, como siempre…, vienes a mí con las manos llenas de dones y yo todavía no sé qué hacer con ellos… 
Este año, como siempre…, empapas mi pobre cuerpo con tu Espíritu y lo llenas de Fuerza para luchar, pero yo todavía no sé qué voy a hacer… 
Este año, como siempre…, vienes a mí ilusionado con el encuentro, y yo por miedo todavía me escondo… 
Este año, como siempre…, eres el Rey del Universo, EL PADRE que nos cuida, la FUERZA que nos acompaña… Y con toda tu grandeza infinita, sin embargo vienes a mí como un soplo, como un susurro, como el viento… Hoy puedes ser brisa que acaricia sólo para mí… 
Vienes a mí… para darme SABIDURÍA.
Pero yo tendré que aprender día a día, porque me cuesta tanto aprender…
Me cuesta, porque no sé distinguir todavía la sabiduría del mundo de la Tuya, y son tan distintas…
La del mundo es la cruz de la moneda de la vida y la Tuya la cara, y sólo las separa un pequeño “canto”, que sólo es ese “algo más” que separa el saber de la SABIDURÍA.
Distinguir lo que destruye, de lo que construye…
Distinguir la especulación de lo real…
Distinguir la autopista, del sendero…
Distinguir la apatía, del cansancio…
Distinguir el “vértigo” que arrastra…, de la vida plenamente vivida…
Distinguir el fuego del calor…
Distinguir el romanticismo, del cariño y la ternura…
Distinguir el éxtasis, del placer…
Distinguir el “amor”, del AMAR…
Es SABIDURÍA…
Porque la SABIDURÍA, tal vez sólo sea descubrir que Tú eres el CAMINO, la VIDA y la VERDAD… 
Señor, ayúdame a estar atento para decubrir tu Sabiduría en medio de mi rutina.
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