miércoles, 24 de julio de 2013

EL PAPA A LOS SEMINARISTAS, NOVICIOS Y NOVICIAS

Monseñor Fisichella ha dicho una palabra, y yo no sé si es verdad, pero la retomo: ha dicho que todos vosotros tenéis ganas de dar vuestra vida para siempre a Cristo. Ahora aplaudís, festejáis, porque es tiempo de bodas… Pero cuando se termina la luna de miel, ¿qué sucede?
He oído a un seminarista, un buen seminarista, que decía que quería servir a Cristo, pero durante diez años, y luego pensará en comenzar otra vida… ¡Esto es peligroso! Pero oíd bien: todos nosotros, también nosotros los más ancianos, también nosotros, estamos bajo la presión de esta cultura de lo provisional; y esto es peligroso, porque uno no se juega la vida una vez para siempre. Me caso hasta que dure el amor; me hago monja, pero por un «tiempito»…, «un poco de tiempo», y después veré; me hago seminarista para hacerme sacerdote, pero no sé cómo terminará la historia. ¡Esto no va con Jesús! No os reprocho a vosotros, reprocho esta cultura de lo provisional, que nos golpea a todos, porque no nos hace bien, porque una elección definitiva hoy es muy difícil. En mis tiempos era más fácil, porque la cultura favorecía una elección definitiva, sea para la vida matrimonial, sea para la vida consagrada o la vida sacerdotal. Pero en esta época no es fácil una elección definitiva. Somos víctimas de esta cultura de lo provisional. Querría que pensarais en esto: ¿cómo puedo liberarme de esta cultura de lo provisional? Debemos aprender a cerrar la puerta de nuestra celda interior, desde dentro. Una vez un sacerdote, un buen sacerdote, que no se sentía un buen sacerdote porque era humilde, se sentía pecador y rezaba mucho a la Virgen, y le decía esto a la Virgen —lo diré en español porque era una bella poesía—. Le decía a la Virgen que jamás, jamás se alejaría de Jesús, y decía: «Esta tarde, Señora, la promesa es sincera. Por las dudas, no olvide dejar la llave afuera». Pero esto se dice pensando siempre en el amor a la Virgen, se lo dice a la Virgen. Pero cuando uno deja siempre la llave afuera, por lo que podría suceder… No está bien. ¡Debemos aprender a cerrar la puerta por dentro! Y si no estoy segura, si no estoy seguro, pienso, me tomo mi tiempo, y cuando me siento seguro, en Jesús, se entiende, porque sin Jesús nadie está seguro, cuando me siento seguro, cierro la puerta. ¿Habéis comprendido esto? ¿Qué es la cultura de lo provisional?

miércoles, 10 de julio de 2013

CON EL CORAZÓN AGRADECIDO

Al terminar etapas, o ciclos, o cursos, como que parece natural el echar la vista atrás y pensar: ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha sido todo?
¿Se cumplieron mis expectativas? ¿En qué he acertado, y en qué he podido equivocarme?… Es necesario que nuestras miradas atrás no se conviertan en una evaluación de objetivos puramente formal. Aunque haya muchas cosas pequeñas que revisar, lo más importante es valorar las cosas que, en mi vida, van suponiendo la entrada de la humanidad a borbotones (la propia y la ajena). Y, mucho antes de evaluar o planificar, previo a todo análisis riguroso, es justo dar un tiempo al agradecimiento.
En este contexto, puedo dedicar un tiempo a ir recorriendo los nombres, los rostros, las historias que se han ido cruzando con la mía en el curso que termina. Y, ante todo, le doy gracias a Dios: por lo que han aportado, por lo que han enseñado, por lo compartido, por lo buscado, por lo encontrado y lo que aún sigue pendiente; por los sueños y por las presencias; por las palabras dichas y los silencios acompañados; por los nombres de mi vida y sus historias. Y siento que en mi descanso también esas historias reposan conmigo.

Fuente: http://www.pastoralsj.org/

martes, 9 de julio de 2013

CON LOS OJOS ABIERTOS

Los ojos abiertos, y los sentidos alerta. No hay que mitificar lo novedoso, del mismo modo que no debemos minusvalorar la vida cotidiana; pero lo cierto es que el cambio de actividad, de rutinas, de ritmos y tal vez incluso de preocupaciones nos brinda una oportunidad grande. El estudiante, por unas semanas, aparca los libros. El trabajador se aleja de la oficina, la fábrica o el taller. Los horarios se suavizan. El profesor descansa de sus alumnos (y viceversa). Y al abrirse a espacios nuevos surge la posibilidad de recuperar la atención por las cosas que normalmente están arrinconadas por la prisa, la urgencia o la tarea.
En este contexto, le pido a Dios que me ayude, en mi verano, a dejarme cautivar por las cosas importantes. Que me deje dedicar tiempos de calidad a los míos. Que me acompañe la risa profunda, y el descanso verdaderamente lo sea. Le pido a Dios que venga conmigo en este tiempo, como compañero, amigo, guía… en las horas de reposo.


lunes, 8 de julio de 2013

DESCANSAR

Durante el curso nos instalamos, con mayor o menor disposición, en la vivencia de lo cotidiano; por contraste, el tiempo de verano puede traer variación, novedad, alternativas, oportunidades de hacer cosas distintas, visitar lugares menos habituales, encontrar a personas nuevas…Ahora, en muchas latitudes, es tiempo de descanso. Y es, también, una gran ocasión para zambullirse en lo diferente, en lo inesperado, en lo que uno no hace con tanta frecuencia. Desconectar de lo de cada día, y abrir las manos para que puedan aferrar algo nuevo.

Fuente: http://www.pastoralsj.org/
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